Así, con este mensaje contundente y la lagrimilla a punto de salir, me comentaba el otro día un padre en la consulta su preocupación.

Y esto me tele-transportó a la serie “Dinosaurios” de mi infancia, donde el bebé dinosaurio lanzaba comida a su pobre padre mientras le gritaba “¡¡¡TÚ NO MAMI!!!”. Y el padre se desesperaba tratando de que el bebé repitiese la palabra “PAAAAA-PIIIIII”, sin buenos resultados.

Realmente que un hijo pase a no querer estar contigo (a veces de la noche a la mañana) es bastante durillo de gestionar para cualquier persona. Nuestras inseguridades se despiertan y nos asaltan muchas dudas:

¿Querrá más al otro que a mí?

¿Por qué me tendrá manía?

¿Estoy haciendo algo mal?

Al mismo tiempo, para la persona elegida puede resultar halagador en un primer momento, pero esta situación mantenida en el tiempo se convierte en ocasiones en una carga pesada (más aún en la cuarentena), llegando muchas personas a referirse a sus hijos como “LA SOMBRA”, ya que van a todas partes pegaditos J.

¡Pues bien! Que tu hijo diga que quiere estar con tu pareja o contigo, no tiene nada que ver con vosotros, ni significa que quiera más a uno que al otro, sino que tiene que ver única y exclusivamente con vuestro hijo.

Como es una situación súper habitual que es frecuente entre el primer año de vida y los 3-4 años, te dejo aquí algunos consejos para que la puedas sobrellevar un poco mejor.

  1. Respira hondo y… PACIENCIA.

Esta etapa en la vida de nuestros hijos suele coincidir (aunque no siempre) con situaciones de cambio. Puede ser que haya nacido un/a hermanito/a, que haya alguna enfermedad en la familia, cambio de residencia, de empleo, etc. Ante estos cambios en ocasiones los niños se muestran más miedosos e inseguros y demandan más presencia del progenitor con el que más tiempo han estado hasta la fecha. Por otro lado, estos periodos suelen ser cíclicos y muchas veces se dan a la inversa. Es decir, tras un tiempo en el que el niño prefería estar con el padre, puede cambiar y de repente preferir estar solo con la madre.

  1. No te lo tomes de manera personal.

Recuerda que se trata de una etapa muy común, que muchas veces también está muy relacionada con que nuestros hijos van creciendo y van queriendo tomar sus propias decisiones. De vez en cuando, si notas que tus ánimos flojean, está bien que te repitas mentalmente: “No se trata de mí, se trata de él: de lo que él necesita en ese momento o lo que le gustaría poder tener”.

  1. Responde siempre a sus necesidades…

Aunque no lo hagas siempre a sus deseos. Es decir, si tu hijo necesita besos, abrazos, agua, comida, etc., es importante atender a esa necesidad y darle lo que demanda. Sin embargo, si necesita agua pero desea que se la lleve solamente su padre, no siempre se puede (ni se quiere) satisfacer ese deseo.

En este punto es importante ser flexible y tratar de actuar con amabilidad, entendiendo que se trata de una fase y que en muchas ocasiones se puede encargar la persona que él quiere. No obstante, otras veces no es posible. En esos casos, nos tendremos que llenar de cariño y paciencia para acompañar lo que probablemente acabe en llanto.

  1. Enfócate en las formas, en lugar de centrarte en el contenido.

En realidad, sabiendo que es una “preferencia” que pasará, no es necesario que te centres en el mensaje literal “NO QUIERO CONTIGO”. Por el contrario, sí sería interesante que te fijes en las formas, para poder enseñarle alternativas y modelar cómo quieres que en realidad te trate.

Por ejemplo, imagina que es la hora de dormir y tu hija de 3 años quiere que le acueste su padre. En el momento en el que te acercas a su habituación te espeta: “¡No, contigo no quiero! ¡Tonta! ¡Quiero con aita!”

Imagina que en ese momento su padre está también en casa y puede encargarse de acostar a la niña esta noche. No es necesario forzar una situación si a ambos os parece bien que le acueste él. Sin embargo, sí sería recomendable que le puedas trasladar a tu hija a través del ejemplo cómo quieres que te hable:

  • No me gusta que me trates así. Me puedes decir: “Ama, hoy quiero que me lea aita”.

Independientemente de la edad de la niña, lo importante no es tanto que lo repita en ese momento ni mucho menos, sino que le muestres una alternativa respetuosa para pedir las cosas y al mismo tiempo le marques el límite: “No me trates mal, pídeme las cosas bien”.

Finalmente, es una situación que a veces puede durar meses, pero os aseguro que ESTO TAMBIÉN PASARÁ.